sábado, 3 de diciembre de 2016

Relación entre la música y el cine

La música y el cine siempre han mantenido una estrecha relación. Desde las primeras películas, en las que las melodías eran el único recurso sonoro que se utilizaba para reforzar el significado de la interpretación de los actores, hasta este momento en el que una notable cantidad de producciones musicales sólo se plantean como una acción más dentro del plan estratégico de lanzamiento y comercialización de algunas obras cinematográficas. A lo largo de la historia del cine, diversas figuras relacionadas con otras disciplinas artísticas han contribuido a su desarrollo y evolución, pero en las últimas décadas las bandas sonoras originales se distancian cada vez más de este adjetivo, observándose que a menudo se realizan simples compendios de éxitos musicales dirigidos al consumo masivo de los posibles espectadores. En consecuencia, dejan de ser proyectos diferentes y creativos
Como diría Charles Chaplin: “El arte cinematográfico se parece a la música más que a cualquier otro arte”. Además, la relación entre la música y el cine es consustancial al nacimiento de éste, puesto que aunque se denominara ‘cine mudo’, desde los barracones donde se proyectaba el invento siempre se acompañó de efectos sonoros. El narrador, que se encargaba de explicar y enfatizar ciertos momentos del film, era un elemento más de la representación que se debía tener en cuenta. A veces, para reforzar la función de entretenimiento de las primeras exhibiciones fílmicas, también se podía encontrar una persona sentada al piano para amenizar la velada y hacer hincapié en unos determinados momentos del relato que necesitaban un toque extra de dramatismo. Al principio, la música que se creaba para cine tenía el fin de crear los sentimientos y acentuar las atmósferas que una determinada película quería resaltar. La simbiosis debía ser eficaz, de modo que la banda sonora de una película tenía que reforzar las intenciones de cada secuencia con sus efectos a través de orquestaciones con ritmos diferentes o incluso con el recurso de los silencios. G.Van Parys cita una experiencia vivida frecuentemente por los músicos, cuando la proyección precede a la sonorización: “En el caso en que la cinta no es muy satisfactoria, el músico encargado de la sonorización es objeto de desacostumbrados miramientos: -Mi querido amigo, ya sólo cuento con usted para salvar la película”. (Le Cinéma par ceux qui le font 1949:268). 

Para Balasz, la música es un factor de realidad. Acompaña a las imágenes y proporciona una verdad convincente y objetiva y sirve de refuerzo a la subjetividad de la vida. Algunos autores la consideran un movimiento del alma, capaz de hacer patente la ley del movimiento. En la actualidad, en el cine que se realiza en Estados Unidos y Europa se puede diferenciar dos tipos de música, que reciben las siguientes denominaciones:


  1. Música de enmarcamiento: Es aquella que repite el mensaje que presentan las imágenes. Se recurre a la redundancia para subrayar y acompañar el significado visual. Este modelo es seguido sobre todo en Estados Unidos.
  2. Música significativa: Es aquella que ayuda en la creación de significados a partir del contraste con las imágenes. Se produce una complementariedad. Frecuentemente, suele estar presente en el cine europeo.
Esta clasificación no es limitada, ya que se trata de un ámbito en el que se pueden observar numerosos grados y posibles combinaciones entre ambas formas. Un realizador puede recurrir a música no concebida originalmente para una obra cinematográfica o solicitarla por encargo. En este caso, el compositor deberá trabajar siguiendo el mismo punto de vista que el director para conseguir sacar el máximo provecho al guión y hallar así una fórmula que permita conjugar armoniosamente las imágenes con la música.
Desde los albores del cine sonoro, hasta hoy día, se pueden contabilizar un total de unas 7000 bandas sonoras originales. Es necesario anotar que se incluyen en este resultado aquellas producciones que cuentan con dos o más versiones de la misma película. Es decir, por un lado se comercializó la banda sonora creativa, la que se compuso para acompañar al film y se incluyó en su montaje, y, por otro lado, se preparó para sacarlo al mercado un nuevo trabajo con canciones no originales (desde el punto de vista de no poseer los derechos de autor de la creación) y que podían contribuir en la obtención de beneficios finales. Sin embargo, este agente tan importante de la consecución de la película final a ser consumida por los espectadores, muchas veces pasa desapercibido para aquellos consumidores-compradores que sólo buscan distracción, entretenimiento y "seguir la moda". Esto hace que muy pocos compositores de bandas sonoras sean reconocidos por sus producciones musicales, a pesar de que su trabajo sea objeto de galardón en diferentes premios que se otorgan en el campo cinematográfico.


Algo que también une fuertemente al cine con la música, es el hecho que las emociones, más que visuales, son de naturaleza musical; de manera que la combinación entre música e imagen, puede dar frutos mas que interesantes, y que funcionan desde tiempos del cine mudo.

En este mismo sentido, podríamos decir, que la relación entre la música y el cine, es muy similar a la existente entre la música con la literatura.
Los antiguos griegos ya hablaban de esto, y afirmaban que cuando ambas artes alcanzan su punto máximo de expresión, se manifiestan por el hecho de que una se escucha con los ojos y la otra se lee con los oídos. Para nuestro cerebro profundo no existen diferencias, y ambas nos introducen en un mundo mágico de fantasías, donde la mente y el espíritu vuelan en total libertad. Es innegable, que ambas artes se nutren y nos nutren mutuamente, de una manera muy rica y fructífera, y hacen nuestra vida en este mundo, mas sana y feliz…

jueves, 28 de abril de 2016

Guitarra: ¿Con o sin púa?...

Al parecer, este es un tema que ha desvelado a muchos guitarristas (y algunos bajistas), especialmente eléctricos; en los últimos cincuenta años. Frecuentemente en las clases, muchos alumnos, mayormente principiantes, me preguntan que es mejor para tocar la guitarra, quizás desconcertados, porque me vean usando en ocasiones los dedos, y en ocasiones la púa. Precisamente, en mi propia experiencia, lo mejor, es tocar libremente de ambas maneras. Para eso, hace falta un buen entrenamiento de dedos, en la técnica que ahora llaman "fingerstyle", y es ahí donde los guitarristas que estudiamos guitarra clásica, llevamos ventaja, debido a que más allá del nombre de marketing o las modas, venimos ejercitando esta técnica durante años.

Pero es innegable que la púa tiene lo suyo, en especial, si vas a tocar estilos como rock, jazz tradicional, funk, etc. He oído a profesores que recomiendan, casi como norma, "la guitarra española a dedo, y la eléctrica o acústica, con púa". En lo personal, no sigo este dogma, ya que muchas veces toco la eléctrica a dedo, y la española, con púa, más bien dependiendo del estilo de música. Es muy importante poner la técnica al servicio de la música, y no al revés. 

Por eso lo ideal, es ejercitarse y estudiar de ambas maneras, para llegar a tocar con el mismo nivel de comodidad, de una manera o de la otra.
Actualmente, según veo en mis alumnos, lo más común es la tendencia a tocar con púa, seguramente influidos por los estilos musicales como el rock, principalmente. Pero no hay que olvidar a muchos notables rockeros, que tocan a dedo, o de ambas maneras, como por ejemplo, George Harrison, Billy Gibbons de ZZ Top, Mark Knopfler,  etc. O al notable guitarrista de jazz rock, Al Di Meola, que toca eléctrica de manera indistinta a dedo o con púa (su mano en la Les Paul es la que ilustra esta nota),

Lo mejor es usar púa o no, según lo sienta el ejecutante, dependiendo esto del estilo, instrumento, o el feeling que se desee darle a la música. ¿Para que limitarse en recursos?. 

Para quienes estén muy acostumbrados al uso de la púa, recomiendo que empiecen a ejercitarse a tocar sin ella. Tanto en guitarra española, como en eléctrica. Para esto, la práctica de estudios y ejercitación clásica, es un excelente complemento.
Y de manera inversa, para quienes tienen formación clásica, y quieren tocar blues, rock, o jazz, les recomiendo que empiecen a ejercitarse con una púa, en los diferentes estilos e instrumentos (eléctricos y acústicos).

Dejo a a continuación, algunos tips técnicos básicos, para el uso de los dedos y la púa

Cómo usar los dedos de la mano y la púa




Hora de mirarse las manos. Es importante que sepas reconocer la digitación de cada mano ya que los símbolos de la mano izquierda y los símbolos de la mano derecha te aparecerán encima o debajo de la partitura que estés leyendo o estudiando. Fíjate por ejemplo en esta partitura, no hace falta que la toques, sólo observa dónde se sitúa la digitación de cada mano.

Ejemplo de partitura con digitación de la mano izquierda:



Ejemplo de partitura con digitación de la mano derecha:





Siempre que veas unas letras o unos números al lado de las notas sabrás que el compositor o el arreglista te está diciendo que toques con esos dedos.

Cómo tocar con púa

Evidentemente si vas a tocar con púa, ya sea guitarra clásica, guitarra acústica o guitarra eléctrica, no has de fijarte en los dedos p i m a, sino en los símbolos siguientes:

Púa abajo       Púa arriba

Así lo verás en la partitura o tablatura:



¿Pero cómo tenemos que agarrar una púa?

Así de fácil:

Paso 1: Colócala encima del dedo índice



Paso 2: pone el pulgar encima y que no se te caiga. Agarrala firme pero sin ejercer demasiada fuerza.



Prueba a tocar las cuerdas, alternado varias veces con abajo y arriba


Y sobre todo, no te olvides de disfrutar y divertirte a la hora de tocar y de estudiar. La música sin disfrute, no es música verdadera. Nunca hay que olvidarse del factor de "juego" a la hora de tocar. "Play music", tal como se dice en el idioma inglés...

jueves, 24 de marzo de 2016

La importancia de la motivación, en el estudio de la guitarra

Un aspecto de la pedagogía musical que se tiene muy poco en cuenta es la influencia de la psicología y su uso adecuado en los músicos, tanto expertos, como principiantes, en un proceso de aprendizaje en una fase temprana.
Dada mi experiencia, tanto como músico profesional, y como docente, siempre procuro tener muy en cuenta este aspecto. Como músicos, debemos cuidar los pequeños detalles, puesto que estos marcan la diferencia. Eso es válido tanto como el plano físico -fisiología del movimiento y otros aspectos que trataremos en posteriores artículos- como en el psicológico
Lo cierto es que, como en otros aspectos de la vida, nuestra mente puede ser nuestra mejor aliada, pero también el gran enemigo que nos impida salir adelante como músicos.
En este artículo hablaremos de varios planos a tener en cuenta y ciertos enemigos y "malos espíritus" que tendremos que combatir. La mayoría les resultaran tremendamente familiares.
Muchos de los consejos o guías que pretendo darles son obvias cuando se explicitan, pero no resultan tan obvias en nuestras rutinas de práctica.
Igualmente, hablaremos de dos fases claves de posible pérdida de motivación; en el inicio del aprendizaje y en el aprendizaje avanzado.

¿Qué es la motivación?
La motivación es la fuerza motriz que nos empuja a movernos. Existen dos tipos de motivación, extrínseca e intrínseca.
La motivación extrínseca es aquella en la que algo externo nos motiva. Por ejemplo, podemos tocar la guitarra porque nos gusta una chica/o a quien le gustan los guitarristas -típico en los comienzos de muchos guitarristas jóvenes-, o porque creemos que a los demás les encanta. También podemos hacerlo si tenemos un amigo que gana mucho dinero -el dinero sería el motivante- o si queremos fama y gloria.
Este tipo de motivación tiene ventajas e inconvenientes. La ventaja es su arrolladora fuerza inicial, que nos empuja a trabajar más y más para lograr nuestros objetivos.
El inconveniente es que, por desgracia, en la mayor parte de los casos los objetivos son casi imposibles de cumplir o, en el caso de cumplirse, la motivación parece dejar de tener sentido.
Por lo tanto, algo a tener en cuenta es que la motivación extrínseca nunca debe ser el motor principal por el cual toquemos.
No es negativo empezar a tocar por una chica, o buscando ser "cool", pero si ese es tu único motivante, nunca serás un buen músico. He conocido decenas de casos, jóvenes que empezaban con una fuerza imparable, mejorando muchísimo en poco tiempo, y de pronto dejaban de tocar o se estancaban. Su motivación solo era extrínseca, y se había esfumado.
La motivación intrínseca tiene mucho que ver con la autorrealización, el desear convertirnos en algo mejor. Viene del interior y no necesita otros motivantes, aunque sin metas a corto plazo también suele decaer -estudiaremos en breve esas metas-.
En este caso, el guitarrista empieza por un motivo intrínseco o extrínseco, pero pronto deja de pensar en tocar por algo tan banal como una chica/o, o la fama se convierte en una búsqueda secundaria.
Es el momento en que quiere tocar para ser mejor que él mismo, para ver cómo su habilidad evoluciona. Esa es la motivación que más funciona a largo plazo y, no nos engañemos, aprender música es una carrera de larga distancia...
Sin embargo, la motivación intrínseca tiene otro problema derivado, y es que necesita metas...

Las metas
Las metas son pequeños objetivos que han de ser alcanzados en un plazo de tiempo determinado. Para ello, hemos de diseñar un plan que nos lleve en el menor tiempo posible a la consecución del objetivo.
Está ampliamente demostrado que las metas a largo plazo no funcionan bien, ya que la lejanía del objetivo -en este caso, tocar bien-, hace que las ganas de alcanzarlo se diluyan y el esfuerzo parezca excesivo en relación a la posibilidad de conseguir la recompensa. Aunque no lo creamos, nuestro cerebro calcula inconscientemente esas cuestiones de un modo frío y lógico, y eso determina nuestras ganas de continuar.
Por eso, hemos de diseñar planes a corto plazo. El ejemplo, en una carrera, sería aprobar un examen -meta a corto plazo- frente al objetivo final, que es aprobar la carrera -meta a largo plazo-. De esta forma, hacemos planes estructurados y diseñados para ir aprendiendo las asignaturas que se ponen en nuestro camino. Sería una locura tratar de estudiar todas las asignaturas de una carrera al mismo tiempo...
En la música pasa algo similar. Los objetivos han de ser a corto plazo y debe ser factible alcanzarlos. De nada nos sirve marcarnos un objetivo como aprender a tocar tecnicas muy avanzadas, si aún no sabemos manejar la técnica básica...
Igualmente, un aprendiz de música que pretende marcarse el objetivo de tocar un solo de Ritchie Blackmore en su primer año puede desmotivarse con facilidad, ya que se dará cuenta de la enorme distancia que le separa de su objetivo...
La conclusión es obvia; tanto un alumno, como un profesor, deben saber motivarse y motivar con metas asequibles y un plan estructurado que ayude a conseguir esas metas. Así, el alumno se verá recompensado por su esfuerzo, y además verá como, paso a paso, alcanza la meta final, que es ser un buen músico.
Mejorar puntos específicos del toque, la improvisación, la técnica... que nos ayuden a improvisar o tocar temas que nos gusten es clave. Y a la vez, escoger temas que sabemos podemos tocar con un esfuerzo moderado.
Un autodidacta ha de diseñarse ese plan para su propio aprendizaje, mientras que un profesor ha de disponer de un método -estructura de planificaciones escalonadas para alcanzar diversas metas- y muchas variantes para poder enfocar el aprendizaje en los diferentes alumnos.

Metacognición, tu gran aliada
Esta palabra tan rara es clave para una correcta motivación y para conocernos a nosotros mismos. La metacognición es el conocimiento de nuestros propios estados mentales, o sea, de nuestras emociones, y nuestros pensamientos.
Como músico, es importantísimo saber qué pasa por nuestra cabeza cuando nos desmotivamos. Por ejemplo, si un ejercicio o lección nos frustra, hay que analizar el por qué. Puede ser porque resulte demasiado difícil para nuestro nivel, porque nos impacientamos demasiado, o simplemente, porque estamos en un mal momento.
En el primer caso, la dificultad excesiva, lo mejor es apuntar a una meta más asequible. Si estamos estudiando visualización sobre el mástil y, al intentar aplicarlo sobre un lick complejo que podemos tocar, somos incapaces de lograrlo, debemos buscar un fraseo o un solo que sea más fácil de visualizar.
Si estamos con un profesor y lo que nos enseña nos supera, debemos decírselo. No en un primer momento, porque su método puede buscar un momento difícil que luego será comprendido al mezclar otros conocimientos, pero nunca nos quedemos callados si no nos motiva lo suficiente. Tal vez nos comprenda mejor de lo que esperamos...
Cuando el problema es la impaciencia, y la consecución de pequeñas metas no nos motiva, estamos ante un momento en el que debemos reflexionar. ¿Me gusta tocar la guitarra? ¿Estoy dispuesto a realizar el esfuerzo que requiere y disfrutar del proceso? El proceso de aprendizaje no debería ser un suplicio, sino al contrario. Debe ser un camino en el que disfrutemos.
Nunca veas el aprendizaje como un mal por el que tienes que pasar para tocar bien, sino como una experiencia. Cada momento es único, y jamás se repetirá.
Si, por último, estamos atravesando un mal momento -personal, económico...- no deberíamos castigarnos estudiando hasta la saciedad. Deberíamos buscar el mayor disfrute posible, improvisando, tocando cosas que nos resulten cómodas...
El aprendizaje es eterno, pero puede centrarse en cosas pequeñas. Hacer sonar bien tres notas, mejorar el vibrato sobre una parte de una improvisación, o tocar riffs que nos gustan también es una forma de aprender.
En esos momentos, forzarnos a aprender a un ritmo alto, puede derivar en una absoluta desmotivación y el abandono del instrumento.
La música es como la vida, cuando estamos en un mal momento es mejor no forzar la situación y estresarnos, sino disfrutar de pequeñas cosas y afrontar el vendaval como podamos... 
La pérdida de la motivación; tipos, motivos y soluciones.
La pérdida de motivación no es la misma, ni tiene los mismos desencadenantes, en las diversas fases del aprendizaje.
Ni siquiera es el mismo problema en un músico aficionado, respecto al que supone en un músico profesional.
Pasaremos ahora a hablar de la problemática de la desmotivación en diferentes fases, empezando por el guitarrista novato, que más que perder la motivación ha de encontrarla -así como su plan-, y finalizando por el músico experto y el músico profesional, que puede desmotivarse por un exceso de actividad y una meta poco clara.

Pérdida de motivación en una fase temprana del aprendizaje.
Mucha gente empieza a tocar la guitarra con la esperanza de llegar a tocar bien. No importa que se busque ser profesional, pasar un buen rato, improvisar en una barbacoa, o tocar la acústica en el campo; la finalidad es la misma.
Sin embargo, pasado un año, muy pocos de los que inician su andadura en este maravilloso mundo siguen tocando, y pasan de ser guitarristas potenciales, a ser guitarreros, personas que aman el mundo de la guitarra pero creen que no valen para ello.
Por supuesto, siempre existirán genios o prodigios, personas que, incluso tocando menos que otros más entregados al instrumento, tocarán, compondrán, o transmitirán mejor que los demás, pero contra eso no podemos hacer nada, es la magia de los genios.
Sin embargo, como digo, todos podemos tocar bien. La guitarra puede no ser tu fuerte, pero con una buena rutina, y la motivación suficiente, llegarás a ser un buen guitarrista y podrás tocar la mayor parte de las cosas que te gusten.
Uno de los principales problemas en la motivación de los novatos es que no ven avances. Esto puede suceder por varios motivos:
Aprendizaje autodidacta: es un camino muy sacrificado, puedes llegar a tardar 4 o 5 veces más que los demás en aprender lo mismo. Y, digan lo que digan, no tienes por qué ser más original. Un profesor no te enseña a tocar como él, te enseña recursos.
El aprendizaje autodidacta siempre debe estar guiado. Primero, estudia los pasos a seguir, procura leer un poco sobre la música, qué es, cómo funciona... Intenta aprender poco a poco, fíjate en cómo colocan la mano los buenos guitarristas, haz ejercicios sencillos...
Márcate tus propias metas y diseña tu propio plan. Si te cuesta demasiado o no te ves capaz, no lo dudes, acude a un profesor. Mucha gente toca genial, pero no sirve para enseñarse a sí misma, ni a los demás. La pedagogía es un mundo muy complejo y guitarristas de nivel medio pueden enseñarte más que guitarristas de un nivel estratosférico.
Sin embargo, muchos autodidactas si que son capaces de seguir un plan diseñado y estructurado, de marcarse pequeñas metas, improvisar, componer...
Un consejo muy importante es que intentes saber qué haces. Es algo que hablaré en otro artículo, pero si tocas puntos en el mástil, si mueves la mano y no sabes por qué, estarás perdido, ya que no podrás relacionar lo que aprendas con nada...
Antes de estudiar un modo o un solo tendrás que saber qué es un intervalo, una nota, una escala, un acorde, o qué es armonizar una escala.
Recuerda siempre marcarte tus propias metas y disfrutar del aprendizaje como un niño. Estás aprendiendo a hablar el idioma de la música, es algo que nunca volverás a hacer. Y no veas la armonía como un monstruo, es tu amiga. Pero aplícala, no sirve para nada estudiar si no se aplica lo estudiado...
Otro motivo, obvio, es tener un mal profesor o no tener feeling con él. Un buen profesor puede no ser tan bueno para ti, no comprenderte y no hacerte mejorar. Un mal profesor no tiene por qué saber que es malo, puede ser una persona que, con toda la buena intención -o no tan buena- pretende enseñarte. Algunos incluso querrán hacerlo gratis. Tal vez sean mejores que muchos de cobro -yo mismo he dado clases gratis en mi primera época-, y tal vez no.
Si llevas tiempo con tu profesor, motivado, entregado, haciendo lo que te pide, y no mejoras, no suenas mejor, y no tienes más conocimientos, es hora de plantearte que tal vez no os entendáis.
El tercer motivo es generar expectativas demasiado altas o demasiado bajas. Es muy importante ir a la clase motivado y pensando que puedes hacerlo, además de confiar en quien te enseña. Si tus expectativas son bajas -no valgo para esto, soy demasiado mayor, soy torpe- tu aprendizaje seguirá el ritmo impuesto por tu mente. Tú mismo serás tu mayor enemigo.
Algo similar sucede cuando el alumno cree saber más que el profesor o cree poder enseñarle a enseñar. O cuando cree poder ser un grandísimo guitarrista en un tiempo record.
Cuando un alumno viene la primera clase tratando de demostrarme que va a ser mejor que nadie, que sabe enseñar mejor que yo y que en 6 meses va a tocar como Michael Romeo, sé que tengo una doble lucha; contra sus manos, y contra su mente.

Las expectativas demasiado altas son tan negativas como las bajas. Da igual si crees que vas a ser genial, puedes creerlo, pero date tiempo y avanza paso a paso. Aunque toques 8 horas al día no vas a ser un genio en 3 o 4 años. Y de hecho, hay etapas en las que tocar tanto tiempo no permitirá que el cerebro repose y las conexiones se hagan más efectivas -el descanso se ha demostrado necesario para generar conexiones sinápticas-. Además, cuando tocas tanto tiempo, es más fácil que un pequeño vicio de técnica se convierta en un enorme defecto, porque no tienes tiempo para asimilar qué haces mal... Beethoven no se hizo en un día, necesitó años para ser un niño prodigio, y más años para ser el más grande de su época.
Lo mismo ocurre, como he dicho, con el profesor. Un exceso de confianza en su infabilidad puede hacer pasar a un mal profesor por una figura a adorar, y una confianza escasa impedirá que creas que puede enseñarte, y no aprender será únicamente culpa tuya.

Pérdida de motivación en el músico experto
Un músico experto no está inmunizado contra la pérdida de motivación, más bien al contrario. Pero, primero, pensemos en qué es un músico experto. Es una persona que domina con cierta solvencia su instrumento, que es capaz de trasladar al mástil sus conocimientos, y que tiene un cierto bagaje musical -años de estudios, o bien experiencia con bandas, etc-
La desmotivación en los músicos expertos es muy peligrosa y tiene varias causas.
Una de ellas es el cansancio. Como he mencionado, el descanso es importantísimo. Si tocas durante años sin abandonar la guitarra durante un par de días, sin darte vacaciones, y sacrificas toda tu vida social y tus ratos de ocio, terminarás hastiado, e incluso odiarás la guitarra.
A veces, menos es más. Si durante una etapa te fuerzas tanto que sientes que tocar es una obligación, y una necesidad porque lo amas, es mejor que relajes y te des un par de días. Y si necesitas dos semanas, también estará bien.
Ni siquiera tienes por qué estudiar todo el año. ¿Por qué crees que en todo trabajo hay vacaciones? Por mucho que un cirujano adore el quirófano, sin descanso terminará por no rendir, y se desmotivará.
El estancamiento es común cuando alguien no descansa, y el estancamiento lleva a la frustración, que es una de las formas que tiene la motivación de avisarnos de que algo no va bien.
Otro motivo, que normalmente no se tiene en cuenta, es el estancamiento y la rutina excesiva. Muchos músicos expertos siempre tocan los mismos estilos, en los mismos ambientes. Incluso tienden a hacer los mismos fraseos, tocar sobre bases similares... Al no salir de su estilo, no solo se estancan, sino que todo parece igual. Los años pasan y tienes la sensación de vivir en el día de la marmota, atrapado en el tiempo. Un día transcurre igual que el anterior, y las notas suenan iguales. ¿Qué hacer para combatir esto?
Un buen truco es cambiar de aires. No necesitas dejar a tus amigos músicos, o abandonar tus grupos, pero experimenta y toca con otra gente. Si tocas blues, pásate al rock o el jazz, sin abandonar el blues. Y si tocas metal, puedes incluso probar la bossa nova.
Un ejemplo más drástico es probar otro instrumento. Tocar dos instrumentos hace que abarques más, y si ya eres un buen instrumentista de guitarra, ¿por qué no probar el bajo, la batería, o el saxofón?
Otro elemento desmotivante en el experto es pretender "tocar como".  Nunca busques tocar como otra persona, tal vez tú hagas mejor algunas cosas que él naturalmente no hace bien, y seguro que él hará cosas que tú quizás nunca podrás hacer. Tratar de copiar a otro puede conllevar el riesgo de desmotivarte al ver que no alcanzas su nivel en lo que a él se le da bien. Y es lo más probable...

La cuestión es vencer la rutina en la que te has instalado. En un aprendizaje no caben rutinas eternas, y un músico, por muy bueno que sea, siempre tiene algo que aprender. Es como un matrimonio, si siempre pasa lo mismo y nada cambia, termina por romperse. Hay que probar otras cosas y explorar una nueva forma de ver la vida que llevas.
Cuando caes en la rutina del músico experto, las metas se diluyen, parece que tocas sin sentido, sin motivantes. No hay objetivos. Busca nuevos objetivos, trata de ser bueno en lo que haces pero intenta ser bueno en otros campos. No permanezcas atrapado en el tiempo...
Pérdida de motivación en el músico profesional
Tal vez, la más complicada de tratar. Ser músico profesional es muy difícil... Apenas tenemos seguridad económica, normalmente tenemos 3 o 4 trabajos -profesores, músicos de orquesta o formaciones comerciales, sesionistas...-, lo cual nos impide descansar, o alejarnos del instrumento.
Además, te ves forzado a tocar casi siempre lo mismo; da igual que sean estilos diferentes, si tienes bandas, una orquesta o una formación musical, normalmente el repertorio y el estilo de música va a ser igual o muy parecido. Dar clases suele ser más variables y permite un cierto descanso, pero no son un motivante tan poderoso como para seguir tocando. Ver como otros avanzan con tu ayuda es maravilloso, pero no eres tú el que avanzas, no te hace querer ser músico, solo te hace querer ser mejor profesor y transmitir más. Puedes terminar siendo un sabio que apenas recuerda cómo tocar su instrumento y no sabe disfrutar con él.
La solución viene a ser la misma que en el músico experto. Aunque, por supuesto, mucho más difícil. Lo primero de todo, es buscar alternativas nuevas en tus ratos de estudio. No toques lo que ya sabes, porque ya lo practicas suficiente en tu trabajo como músico o en tus bandas.
Huye de lo convencional, busca estilos opuestos al tuyo, escucha música diferente, música oriental, new age, o incluso música electrónica. Cualquier cosa que se aleje de lo habitual.
Igualmente, debes buscar la forma de relajar. Cuando no trabajes, no tienes por qué estar siempre estudiando. Eres un profesional, estás obligado a tocar, pero tu avance debe seguir siendo un proceso con el que disfrutar.
Si has tocado 25 horas en 4 días por trabajo, es suficiente, no tienes por qué obligarte a seguir. Eso te desmotivará aún más, porque dejarás de ser tú mismo y te convertirás en una guitarra parlante. Hay muchas cosas que me hacen disfrutar de la música o pensar en ella, y la mayoría no tienen por qué ser música. Como profesional, me obligo a disfrutar de los pequeños momentos, relajándome y dejándome llevar. Hay días en los que me apetece tocar y toco, y hay otros en los que no me apetece. Eso me preocuparía, de no ser porque tengo 4 o 5 clases todos los días, y 3 o 4 ensayos semanales... Además de conciertos. Ya toco lo suficiente como para mantener mi nivel y ganar en experiencia. El estudio debe servir para ser mejor músico, no para desmotivarme.
Otra solución, de nuevo, es elegir otro instrumento. Seguirás aprendiendo música, e incluso podrás trasladar lo aprendido a tu instrumento base. No lo tomes como perder tiempo para tocar la guitarra, eres músico, no solo guitarrista. No creo que Mozart considerase que tocar el oboe en vez de el piano era una pérdida de tiempo... Siempre que tocas, mejoras. Un consejo para guitarristas es probar con el bajo y la batería, o el piano. Te descubren la sección rítmica, ese gran desconocido que hace ver la música de otra forma, que nos hace comprender aún más la maravillosa comunión entre instrumentos.
Conclusión.
No lo olvides, seas un autodidacta, un alumno de conservatorio o de una escuela moderna, un profesor, un sesionista, o un aficionado que toca blues en el garaje del vecino, corres el riesgo de perder la motivación.
Herramientas básicas para trabajar sobre la motivación:
  1. ·     Ser capaz de detectar la desmotivación con la metacognición
  2.       Marcarte objetivos pequeños y asequibles, además de un objetivo general
  3.       Buscar la motivación que proviene de ti mismo, la motivación intrínseca
  4.       Diseñar un plan para alcanzar las metas propuestas
  5.       No generar expectativas de éxito muy bajas o muy altas
  6.       Tomarte pequeños descansos
  7.       No obsesionarte con ser el mejor
  8.       No copiar a otros músicos ni pretender "ser como"
  9.       No forzarte a tocar en tus ratos de ocio si tu rutina ya te obliga a tocar constantemente
  10.       No estancarte ni acomodarte en tu nivel para hacer siempre lo mismo
  11.       Probar otros estilos y otros instrumentos
Y como último consejo, miren muchos conciertos. Ver cómo otro músico disfruta con su instrumento es altamente motivante...



lunes, 7 de marzo de 2016

Iniciarse en la guitarra en la adultez

Una de las preguntas más repetidas entre quienes me consultan por clases de guitarra para adultos es:

¿Puedo aprender a tocar la guitarra a mi edad?

Es normal tener este tipo de dudas, porque el pensar general de la sociedad tiende a localizar en edades tempranas la capacidad para aprender a tocar un instrumento musical.
¡Parece que si no has aprendido de pibe, luego no vas a ser capaz de hacerlo!.
La realidad es que prácticamente cualquier persona puede aprender a tocar la guitarra, independientemente de la edad que tenga.
Puede que empezar de joven facilite las cosas, pero no es ninguna garantía de éxito,  porque muchos pibes rechazan el practicar diariamente y dedicarse a full. Algo indispensable para progresar y que un adulto puede afrontar con ganas porque su experiencia de vida le ha desarrollado esta capacidad. 

Mi experiencia como docente

En más de 30 años de experiencia docente, he  comprobado que el trabajo diario es lo que diferencia a quien avanza rápidamente de quien atrasa más su mejora.
Quienes se inician en la guitarra no tardan mas que un niño en desarrollar sus capacidades, si están dispuestos a trabajar. No es un problema de tiempo.
Muchas veces, he observado lo contrario. He visto adultos principiantes, que aprenden mucho más rápido que niños principiantes, y por lo general, no tiene nada que ver con las habilidades individuales.
¿Cuál es la razón de este mayor progreso?

La diferencia de horas de práctica.

El adulto, suele ser constante en el estudio semanal de las tareas programadas, ya que tiene mayor capacidad de dejar de lado durante unos minutos y de buena gana:

Los juegos con los amigos,
La play,
La televisión,
Los patines,
La compu,
La pelota,
Las pulseras de goma,
Las bolitas,
Las figuritas,
Las muñecas,
Etc, etc

Podés lanzarte a aprender guitarra sin ningún temor a que tu edad sea impedimento.
Además vas a obtener unos beneficios colaterales muy interesantes. 

Guitarra para adultos, entrenamiento de la mente

La música es una actividad que activa, estimula y utiliza la totalidad del cerebro.
Aprender a tocar la guitarra es una de las mejores maneras de mantener en forma la mente.

Coordinando movimientos entre las dos manos
Utilizando todo tu cuerpo para sujetar la guitarra y tocar
Memorizando y secuencias de acordes, melodías y ritmos
Descubriendo estructuras de teoría musical
Utilizando conjuntamente tacto, vista y oído.

Hay investigaciones que revelan que los adultos que tocan algún instrumento musical, experimentan una mejora en las áreas del cerebro relacionadas con la memoria.
Incrementos de un 50% a un 70% en la memoria tras 16 semanas aprendiendo a tocar un nuevo instrumento musical.

Guitarra para adultos, el poder de ser creativo.

Aunque estamos acostumbrados a “consumir” la creatividad de otros, aprender a tocar la guitarra nos ofrece el poder de ser nosotros los protagonistas.
El hecho de tocar la guitarra modifica tu rol de observador de elaboraciones de otros, a ser vos el creador.
La creatividad se puede desarrollar.
Tocar la guitarra es una forma inmejorable de hacerlo.
Esta creatividad que desarrollas se manifiesta no solamente en la música sino que se traslada a todas las facetas de la vida.
Propiciando nuevas ideas en la solución de los problemas cotidianos, o en el descubrimiento de nuevas experiencias positivas y divertidas. 
No te frenes por tu fecha de nacimiento.

Cumplí tu sueño de empezar a tocar la guitarra, y encima aprovéchate de los beneficios que tiene la guitarra para adultos.

viernes, 26 de febrero de 2016

Taller de guitarra clásica

En este taller podrás adentrarte de manera más profunda al estudio de la guitarra clásica. Aquí aprenderás a leer cualquier partitura por nota, lo que te permitirá interpretar un amplio repertorio. Aprenderás a interpretar y escuchar música clásica de todas las épocas: Renacimiento, Barroco, Clásico, Romántico y Contemporáneo (Flamenco). La finalidad es ver a la guitarra no como acompañamiento, sino como un instrumento orquestal completo.
Además podrás trasladar tus conocimientos a la guitarra eléctrica, bajo, etc, y viceversa. 
Taller orientado para principiantes en la guitarra, o para guitarristas experimentados de otros estilos (Rock, Blues, Folklore, etc), que quieran comenzar o profundizar con la técnica y los conocimientos de la guitarra clásica, en todos los niveles.
Sólo tenés que traer tu guitarra con cuerdas nylon, y algo para tomar nota (nosotros proveemos el material de estudio. Partituras y pistas de audio, para apoyo de estudio)
Clases grupales de una hora, en grupos reducidos, los días jueves a las 19 hs.
nformes: Por mensaje privado, o por mail: sergiogiacobone@gmal.com, celular y whatsapp: 2234664559 o el fijo: 486-0441

jueves, 10 de diciembre de 2015

Clases de guitarra en Mar del Plata



Clases de guitarra en Mar del Plata. Guitarra eléctrica, acústica o clásica. Todos los niveles y estilos. Teoría de la música. Armonía. Audioperceptiva. Improvisación. Técnicas de dedos y de púa. Métodos modernos. 30 años de experiencia.
Informes: Por mensaje privado, o por mail: sergiogiacobone@gmal.com, celular y whatsapp: 2234664559 o el fijo: 486-0441

sábado, 21 de noviembre de 2015

Bushido. Las 7 virtudes del guerrero

Bushido
Las 7 virtudes del guerrero
Estos son los siete principios que rigen el código de Bushido e iluminan el
camino del arte marcial (Budo), son la guía espiritual del guerrero.

1. Honradez y Justicia (Gi)
Sé honrado en tus tratos con todo el mundo. Cree en la justicia, pero no en la
que emana de los demás, sino en la tuya propia. Para un auténtico samurai no existen las tonalidades de gris en lo que se refiere a honradez y justicia. Sólo existe lo correcto y lo incorrecto.

2. Valor y Coraje (Yu)
Álzate sobre las masas de gente que temen actuar. Ocultarse como una tortuga en su caparazón no es vivir. Un samurai debe tener valor heroico. Es absolutamente arriesgado. Es peligroso. Es vivir la vida de forma plena, completa, maravillosa. El coraje heroico no es ciego. Es inteligente y fuerte.. Reemplaza el miedo por el respeto y la precaución.

3. Compasión (Jin)
Mediante el entrenamiento intenso el samurai se convierte en rápido y fuerte. No es como el resto de los hombres. Desarrolla un poder que debe ser usado en bien de todos. Tiene compasión. Ayuda a sus compañeros en cualquier oportunidad. Si la oportunidad no surge, se sale de su camino para encontrarla.

4. Cortesía (Rei)
Un samurai no tienen motivos para ser cruel. No necesita demostrar su fuerza. Un samurai es cortés incluso con sus enemigos. Sin esta muestra directa de respeto no somos mejores que los animales. El samurai recibe respeto no solo por su fiereza en la batalla, sino también por su manera de tratar a los demás. La auténtica fuerza interior del samurai se vuelve evidente en tiempos de apuros.

5. Honor (Meyo)
El Auténtico samurai solo tiene un juez de su propio honor, y es él mismo. Las decisiones que tomas y como las llevas a cabo son un reflejo de quien eres en realidad. No puedes ocultarte de ti mismo.

6. Sinceridad Absoluta (Makoto)
Cuando un samurai dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho. Nada en esta tierra lo detendrá en la realización de lo que ha dicho que hará. No ha de "dar su palabra." No ha de "prometer." El simple hecho de hablar ha puesto en movimiento el acto de hacer. Hablar y Hacer son la misma acción.

7. Deber y Lealtad (Chugo)
Para el samurai, haber hecho o dicho "algo", significa que ese "algo" le pertenece. Es responsable de ello y de todas las consecuencias que le sigan. Un samurai es intensamente leal a aquellos bajo su cuidado. Para aquellos de los que es responsable, permanece fieramente fiel. Las palabras de un hombre son como sus huellas; puedes seguirlas dondequiera que él vaya. Cuidado con el camino que sigues.

Espíritu Indomable
Escuela Budo Shin